• Juan Ignacio Riquelme

Prohibido caerse

Actualizado: 4 de abr de 2019


Rusia 2018 | Argentina 2-1 Nigeria

Prohibido caerse



Los jugadores argentinos, unidos como un puño festejando el golazo de Messi que puso el 1-0 parcial.

26 de junio de 2018



Si de enseñanzas se tratara, el aprendizaje de esta primera fase deja un claro mensaje: prohibido resignarse. Ante cualquier circunstancia, y con el grado de complejidad que haya, nunca hay que darse por vencido. No hay que claudicar, sino creer y tener confianza en un mismo, y en el de al lado.


Luego de caminar por la cornisa de lo que hubiera sido un nuevo papelón histórico tras el sufrido en 2002 con una selección repleta de estrellas y la conducción de Marcelo Bielsa, el centro de Mercado y esa sorpresiva aparición de Marcos Rojo en el área como si fuera Batistuta o Higuaín, nos devolvió el alma al cuerpo. Como dijo el capitán –autor de un gol de otro planeta- Dios estuvo de nuestro lado, como aquella noche en Quito, y la selección logró el pase a los octavos de final en Rusia 2018. Se festejó como un título por todo lo que significó: evitó el fin de ciclo de una generación que merece coronar todo lo bueno que hizo levantando una copa.


Si bien hay que ser cautelosos, ya que la selección viene de un proceso lleno de interrogantes y con más dudas que certezas, una clasificación de esta manera, luego de estar cerca del abismo, debería suponer una inyección anímica y generar confianza internamente, algo que, hasta el momento, no se vislumbra. Porque pasar así, con un gol agónico sobre el final y dependiendo de otro resultado, sin depender de uno mismo, es casi un milagro y debería fortalecer mucho al grupo. Por suerte se alinearon los planetas y no hubo despedida tempranera. Ahora, será trabajo del cuerpo técnico exprimir al máximo la oportunidad que se presentó y sacar el mayor provecho de la situación. Para eso, es necesario que el mensaje les llegue a los jugadores, y, principalmente, poner el bien general por encima del interés personal, dejar de lado la soberbia y seguir el camino del primer tiempo, y esa garra y pasión alocada que apareció en los últimos minutos, cuando todo parecía perdido, ya que con esa actitud y ese compromiso puede haber futuro.


Esta victoria es un bálsamo de esperanza. Se mejoró en cuanto al juego, pero sobre todo en cuanto a la actitud en relación al papelón que hicimos frente a Croacia. La gente copando las tribunas y contagiando al equipo, y los jugadores aprovechando esa energía y plasmando en el campo de juego, para retroalimentar ese contagio para con los hinchas. Estamos vivos, que no es poco decir en una competencia tan difícil como lo es la Copa del Mundo. Ahora los cruces serán mano a mano, y todo se define en 90 o 120 minutos, por lo que todo puede pasar. Equipo que se levanta con el pie izquierdo y no tiene un buen día, arma las valijas. Y Argentina, con la moral en el aire y con el mejor del mundo, puede competir contra Francia y ante cualquiera. Ahora es cuestión de aprovechar el envión y tirar todos para el mismo lado, salir fortalecidos y saber que hay que dejar todo siempre hasta el último minuto. Porque así lo demanda la camiseta y esas dos estrellas que tan orgullosos llevamos en el pecho. Dios parece estar de nuestro lado.

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